Piezas en tratamiento

Restauración de las espadas de es Caló (Formentera)

12/06/2020 El laboratorio de Conservación y Restauración del Museu Arqueològic d'Eivissa i Formentera lleva desde finales de agosto del año 2019 centrado gran parte de sus esfuerzos en el tratamiento de un lote de espadas de caballería procedentes de es Caló de Sant Agustí (Formentera). El hallazgo fortuito de estos materiales ha supuesto un reto y una gran oportunidad para nuestra institución. Comencemos con los retos, en poquísimas ocasiones se había localizado un cargamento similar a este, en semejante cantidad y, sobre todo, en un estado de conservación como el que nos ocupa en nuestras aguas. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que será uno de esos trabajos que dejarán huella en nuestra institución. Ya hemos mencionado en muchas ocasiones que se trata de un hallazgo extraordinario, que despierta la emoción y la curiosidad por igual, no solo del público general que se ha mostrado muy interesado, sino que también ha llamado la atención de la prensa y de los investigadores en general. Como si de un tesoro se tratara.     Durante estos meses pasados, especialmente difíciles para todos, el proyecto de restauración de las espadas no dejaba de causar sorpresa y preocupación. Es habitual que el personal se deje caer por el laboratorio para interesarse por las novedades. Hay más piezas en tratamiento, todo sea dicho de paso, pero el objeto de atención siempre es el mismo, ¿las espadas están bien?, ¿ya se ve algo?, ¿cuando podrán exponerse?... Y después, tras meses de no poder enseñar nada tangible, por fin caras de estupefacción cuando poco a poco se van definiendo los contornos, aparecen las pequeñas sorpresas que anticipan el secreto que la concreción y la gruesa capa de arena ocultan. Y ese es parte del problema, las espadas, como cualquier objeto metálico largo tiempo sumergido, presentan una problemática muy concreta: la infiltración de agua salada en sus poros, los procesos de corrosión, el desarrollo de vida marina como hongos, algas o concreciones calcáreas, la erosión de su superficie por los elementos físicos a los que se han visto sometidos, etc.     Los objetos metálicos resultan extremadamente vulnerables a todos ellos, pero aún lo son más a los cambios bruscos y violentos que el cambio del medio subacuático al aéreo puede suponer. Si no se toman las medidas adecuadas este cambio de medio puede causar un deterioro grave e irreversible. Por ello resulta ineludible tomar todas las medidas de conservación preventiva a nuestro alcance en los procesos de extracción, traslado y almacenamiento, hasta iniciar su tratamiento de conservación y restauración. Las espadas de es Caló presentan, a simple vista, gruesas concreciones que dificultan apreciar el estado de conservación real de las mismas, a simple vista parecían sólidas y consistentes en su estado actual. Nuestro principal objetivo fue por tanto frenar los procesos de degradación que pudiera acarrear su extracción a la par que devolver la legibilidad a las mismas, recuperar toda la información histórica que se pudiera obtener durante el tratamiento y garantizar su preservación a largo plazo, de cara a las generaciones venideras. Por ello desde un primer momento procedimos con ellas con la máxima precaución, como hacemos habitualmente con cualquier otro objeto arqueológico que entra en nuestras instalaciones pero con el riesgo añadido que supone, por un lado, que se trate de materiales de naturaleza mixta con diferentes estados de conservación (acero y latón por un lado) y naturaleza (materiales orgánicos como el cuero, que aún se conservan in situ en los enmangues). Por ello procedimos a adaptar diferentes formatos de contenedor para minimizar los efectos que la extracción pudiera producir en las espadas, al tiempo que tratamos de realizar todas las pruebas diagnósticas posibles a nuestra disposición (radiografías, TAC'S), para confirmar la estabilidad de las mismas y tras ello elaborar un informe diagnóstico sobre su estado de conservación general. Este proceso, bastante largo pero ineludible, permite conocer las alteraciones y problemáticas de cada una de las piezas de forma individual. Aunque se trate de conjunto llamativamente homogéneo en su estado de conservación, este estudio pormenorizado, permite aplicar tratamientos apropiados a cada una de ellas desde el minuto cero y además tratar de adelantarnos a los diferente contratiempos que, sin duda han ido apareciendo y aparecerán durante el tratamiento. Hasta el momento el conjunto de las piezas en tratamiento se ha visto sometido a un proceso de conservación preventiva, que frene en seco cualquiera de los procesos de deterioro que las piezas ya estaban sufriendo en su medio marino y evitar que el estrés de la extracción active otros nuevos. A partir de ahí, se han ido activando de manera más individualizada (en pequeños lotes que van desde una única pieza que por su especial problemática así lo requería, a lotes de dos o cuatro espadas máximo) los diferentes tratamientos de conservación activa que garantizarán su estabilidad químico-física a nivel matérica y las posibilidades de exposición pública de los mismos. Esto supuso reestructurar y adecuar el laboratorio a las necesidades bastante específicas de las mismas, adquiriendo diferentes tipos de depósitos que se han ido modificando y ampliando en función de la evolución de los tratamientos y permitiendo al mismo tiempo el correcto funcionamiento del laboratorio de conservación y restauración, que no deja de recibir diferentes materiales y de adaptarse a las necesidades de funcionamiento de la institución. Tras el análisis diagnóstico se procedió a elaborar una propuesta de tratamiento realista y adecuada cuyo primer paso fue la eliminación de las sales solubles, almacenadas en el interior de las espadas y que resulta un paso largo y tedioso pero ineludible en el proceso de restauración global de las mismas. Ni que decir tiene que a partir de este paso nos hemos empezado a encontrar con grandes diferencias entre los diferentes lotes. Las espadas presentan diferentes grados de oxidación y deformaciones, a esta capa de productos minerales de corrosión, un proceso absolutamente natural, hay que sumar la adición de capas de concreción de diferente naturaleza formadas durante su inmersión. En casi todos los casos estas son bastante gruesas y cubren totalmente la pieza. Para la desconcreción y desalación, se han ido alternando limpiezas mecánicas para eliminar los depósitos superficiales. Hasta este momento se han tratado de procedimiento muy suaves empleando herramientas manuales, hasta que hemos estado seguros de que al menos algunas de las piezas están ya un nivel de estabilización que permite comenzar a emplear procesos más agresivos como el instrumental neumático y eléctrico de precisión para alcanzar la superficie original del objeto. En las catas realizadas hasta el momento en cinco de las espadas, esta superficie original se muestra en un estado de conservación que podríamos tildar de extraordinario. Los siguientes pasos serán someter a las piezas a diferentes baños inhibidores de la corrosión en función del tipo de metal y activar los procesos de secado controlado. Capítulo aparte será el tratamiento de los enmangues, que parecen a priori uno de los puntos más delicados de esta restauración. Para finalizar el tratamiento habrá que aplicar resinas o lacas protectoras que garantizan el aislamiento del medio aéreo y de la presencia de humedad y sales solubles que puedan reactivar los procesos de deterioro de las mismas, una vez se haya decidido su lugar de almacenamiento o exposición.

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